MUSICA
La Armonía de los contrarios El artista creador que fue Brahms se nos aparece a primera vista como la antítesis del hombre Brahms, su obra revela una excepcional sensibilidad, una gran ternura, una delicadeza extrema de sentimiento. La vida real, en cambio, nos muestra a un hombre descortés, sarcástico, pantagruélico y desaliñado en su aspecto físico. No encarna Brahms el ideal del artista romántico que trata de vivir en concordancia con su creación. Pero este aspecto contradictorio es, en realidad, una apariencia externa. En el fondo, la verdad mas intima es la belleza y bondad de espíritu. Brahms fue, como tantos grandes creadores, producto de la armonía de los contrarios. Hombre nórdico, nacido en la fría y brumosa Hamburgo, vivió en la Viena alegre y frívola la mayor parte de su vida. Hombre romántico por la confesión de sus sentimientos, su lirismo y preponderante intimismo expresivo (piano, lied, obras de cámara), fue también un clásico por el orden lógico de sus desarrollos, la contención emotiva, la solidez estructural, el comedimiento instrumental y la concisión de medios. Libertad y norma: he ahí la difícil conciliación de las 2 tendencias creadoras. Entre ambos extremos surgió, luminosa, la obra de Brahms. De otra forma seria difícil comprender por qué aquel hombre áspero, descortés, glotón y violento, incapaz en apariencia del menor sentimiento de ternura y delicadeza, compuso entre sollozos sus ultimas piezas para piano; por qué ironizó sobre sus obras mas tiernas y confesionales; por qué velaba sus sentimientos amorosos; por qué, en definitiva, en necesario profundizar en su obra hasta hallar en ella el encanto del mundo infantil, la belleza del amor, la comunión con la naturaleza, los mejores sentimientos de un alma hermosa y noble.
Generación de 1912 (Naturalista Mundonovista)
Mariano Latorre (1886-1995) concibió Chile como un lugar de epopeya, y vio en este “país de rincones” la posibilidad de síntesis que no ofrecen ni la geografía ni la geología, ni los andamiajes étnicos, ni el crisol de sangre, en otros sitios del mundo. Y quiso, siguiendo la lección de Ercilla, cantar este mundo, con un desierto en un extremo y los hielos eternos en el otro, pasando entre puertos y selvas, cordilleras y reducciones, y una capital fundada a la española, rehecha por el sagaz Vicuña Mackenna, al estilo Segundo Imperio, y animada a convertirse, con posterioridad a la crisis del 30, en una mezcla de zoco, escaparate europeo y paraíso del turismo.
Animado por las alabanzas de Omer Emeth, en los días del centenario, Latorre comenzó su labor de “construir” literariamente un país con Cuna de cóndores; pero antes, en Cuentos del Maule (1912), definió ya su vocación de narrador.
Quizá quien mejor ha interpretado la obra de Latorre ha sido Ricardo A. Latcham. Por ello, vale la pena oírle: “si las cosas reales han tenido un poeta de privilegiada pupila en Chile, ése ha sido Mariano Latorre. Pero no solo ha podido trazar un inventario cabal de tipos, hombres y costumbres del país donde nació, sino que transmite esa sensación de epopeya primitiva que confiere un encanto singular a crónicas de nuestro pasado. Solo que no descubre tan candorosa vetar con el procedimiento de los viejos narradores de nuestro idioma, sino todo saturado de socarrona malicia de huaso, de sorna soterrada, de agudo ingenio y sabrosa maledicencia, que florecen en sus cuentos tal como si ocurriera en torno a un lar de antañona cepa”.
Son muchos sus libros –y no los hay de relleno-: Chilenos del mar (1919, On Panta (1935), Hombres y zorros (1937), Mapu (1942), La isla de los pájaros (1955), entre otros. Parte fundamental de su prosa mayor se haya en un texto muy hermoso, Chile, país de rincones (1947), con relatos inolvidables como “El finado Valdés”, “Domingo persona” y “El portón número cinco”.
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bueno este libro esta muy bueno y espero que a tidis les guste porque es un libro muy bueno chaoooooooooooooooooooooo.